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EL TREN

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Lautaro ya es grande    porque anda solo en bicicleta, tiene su propia pieza con una linda lámpara de avión y además,   va al jardín donde puede jugar con otros niños y aprender muchas cosas. En septiembre cumplirá cuatro y pronto irá al colegio con uniforme. Lautaro es muy simpático, cariñoso e inteligente, pero a veces, solo a veces, es un poquito desobediente. Especialmente a la hora de comer. Aunque lo rete, le cuente cuentos o le cante canciones, su mamá no consigue hacerlo almorzar sentado. Lautaro se sube a la silla y   come una cucharada, da tres vueltas por la cocina y   come otra cucharada. Juega un poco con su camión o pinta en la pizarra y come otra cucharada.  El problema es que todos los días al terminar de comer, la cocina queda toda revuelta, la mamá muy  enojada y Lautaro con un terrible dolor de estómago. El otro día, cuando su mamá estaba sirviendo la comida, llegó de sorpresa la Mimí;   Una señora que aunque se ve m...

Y DONDE QUEDÓ LA NONITA VIEJA??

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Era jueves feriado en Coquimbo y   sus tatas partían de viaje esa misma tarde, así es que Lautaro y sus papás, pasaron a visitarlos para despedirse. Cuando estaban sentados a la mesa y listos para   almorzar,  su tata entró muy apurado a la cocina y con una cara muy seria, les dijo a todos. -La nonna se acaba de morir. Aunque Lautaro no sabía exactamente lo que significaba morir,  su tata parecía estar muy triste y preocupado.  El corazón le dio un brinco y pensó…¡Mi nunna!.   Con el corazón latiendo muy apurado, corrió hasta la pieza de sus tatas. Allí encontró a su nunna, sentada entre las maletas a medio hacer. -¿Qué pasó nunna?. –Preguntó encaramándose sobre sus faldas. -¿Recuerdas a la nonnita vieja?. –Volvió a preguntar ella. -¿Tu mamá?. -Si…mi mamá. -¿Qué pasó?. –Insistió limpiando una lagrimita que caía por la cara de su nunna. -Estaba viejita, había trabajado mucho y se sentía cansad...

UN NUEVO AMIGO

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Reptando con cuidado   para no romper su trajebaño nuevo, Lautaro cruzó bajo el alambrado. Al otro lado de la arboleda había escuchado tararear a alguien   y aunque intentó llamar su atención, no obtuvo respuesta. Al llegar a la quebrada, se encontró a un niño un poquito más alto que él, brincando entre los árboles con la agilidad de una ardilla. Su cabello era largo y oscuro y sus  ojos oscuros y rasgados.   -Hola. –Exclamó Lautaro. Aunque disponía de todo el cerro para correr e investigar a sus anchas, extrañaba tener amigos para   jugar -Nunca antes te había visto…¿Vives aquí   hace poco?. -Desde que la noche se hizo día y el Mamalluca se transformó en un enorme cerro… hemos vivido aquí…-Señaló el niño con una sonrisa. Lautaro lo observaba con atención y una pregunta se le atoraba en la garganta. -¿No estás un poco grande para usar pañales?.   –Preguntó   aguantando las ganas de reír. Si su mamá viera a ese niño, seguro ya no le obli...

LAS LAGARTIJAS

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Apenas el gallo lanzó el primero cacareo de la mañana, Lautaro corrió a despertar a su mamá y comenzó a dar vueltas por la casa, apurando por salir. Aunque su estómago rezongaba después de casi doce horas sin comer, afuera le esperaban el sol, los árboles y el enorme cerro Mamalluca, que no se cansaba de explorar. En cuanto estuvo alimentado y vestido,  corrió   a perderse cerro abajo. -Lautaro olvidaste   el gorro para el sol. –Gritó su mamá desde la puerta y poniendo mucha atención para no tropezar con alguna piedra del sendero, llegó a su lado. – ¡No sé cómo haces para bajar sin caerte ni tropezar!. –Resopló con el rostro colorado por el esfuerzo –El sol está muy fuerte y te puedes insolar.   Resignado a llevar esa molesta cosa, que   hacía transpirar su cabeza más de la cuenta, miró hacia la nueva casa en construcción, un par de metros más abajo. Allí le esperaba su amigo Hugo; el carpintero en jefe a cargo de la obra,   que siempre le prestaba su...

LOS FANTASMAS ASUSTONES

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Cada vez que podían, Lautaro y sus papás, bajaban a Coquimbo a pasar el fin de semana en casa de los abuelos. Aunque su Tata Marco lo sacaba a dar vueltas en el camión y su Abu Pili le preparaba comida rica, le compraba pijamas nuevos y siempre tenía dulces guardados en los cajones, a Lautaro no le gustaba mucho ir a dormir a su casa. El problema era que al lado, muy pegada a la casa de la Abu, había una casa muy fea y vieja, donde nadie vivía, salvo una familia de fantasmas muy malos y molestosos. Cada noche al intentar dormir, los muy pesados, se colaban por la ventana y hacían volar las cortinas diciendo buuuu buuuu y Lautaro partía corriendo a la pieza de sus abuelos. -Abu, Tata…en mi pieza hay unos fantasmas que se meten por la ventana. –Lloraba señalando hacia su habitación. -¿Fantasmas en tu pieza?. –Preguntaba su abu haciéndole un espacio en su cama, que siempre estaba tibia y con olor a colonia. Entonces miraba a su tata y decía: - Yo no sé qué opina Marco, pero al menos...

LAS AMIGAS LANUDAS

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Contento de comenzar un nuevo día, Lautaro abrió la puerta de su casa. El aire era fresco y el sol, medio escondido entre las nubes,   parecía decidido a dormir un rato más. Arrastrando su enorme camión tolva, se encaminó a su lugar favorito…Un enorme cerro de arena y piedrecillas, que sus amigos maestros habían acumulado muy cerca de la casa. En cuanto lanzó las primeras piedras dentro de la tolva, un extraño sonido llamó su atención. Algo muy parecido al llanto de su primo Filippo, que aún era pequeñito y vivía dentro de un coche o en brazos de los adultos. -¿Filippo?. –Preguntó extrañado. Su primo vivía lejos y para llegar hasta su casa, debían andar un rato largo   en la camioneta de su papo. Decidido a descubrir el extraño misterio, vació las piedras   del camión y   tomó   la cuerda para arrastrarlo por el cerro. Si su primito estaba perdido, necesitaría ayuda para traerlo de regreso. A poco andar entre los árboles, el sonido; muy parecido al que hacía...