LOS FANTASMAS ASUSTONES


Cada vez que podían, Lautaro y sus papás, bajaban a Coquimbo a pasar el fin de semana en casa de los abuelos. Aunque su Tata Marco lo sacaba a dar vueltas en el camión y su Abu Pili le preparaba comida rica, le compraba pijamas nuevos y siempre tenía dulces guardados en los cajones, a Lautaro no le gustaba mucho ir a dormir a su casa. El problema era que al lado, muy pegada a la casa de la Abu, había una casa muy fea y vieja, donde nadie vivía, salvo una familia de fantasmas muy malos y molestosos. Cada noche al intentar dormir, los muy pesados, se colaban por la ventana y hacían volar las cortinas diciendo buuuu buuuu y Lautaro partía corriendo a la pieza de sus abuelos.
-Abu, Tata…en mi pieza hay unos fantasmas que se meten por la ventana. –Lloraba señalando hacia su habitación.
-¿Fantasmas en tu pieza?. –Preguntaba su abu haciéndole un espacio en su cama, que siempre estaba tibia y con olor a colonia. Entonces miraba a su tata y decía: - Yo no sé qué opina Marco, pero al menos yo, nunca, nunca he visto un fantasma.
-Yo tampoco. –respondió el Tata Marco. –Nunca he visto un fantasma…¿Tu me podrías decir cómo son?.
Y Lautaro levantó sus manos y con cara de enojado, caminó sobre la cama repitiendo Buuuu Buuuu.
-Uuuuu…verdad que son feos… –dijo la abu tapándose la cara asustada. –Creo que a mí también me darían miedo los fantasmas. -¿Qué te parece si te acompaño a tu pieza, encendemos la luz y revisamos en cada rincón para ver si encontramos a esos fantasmas molestosos?.
-Mmmm….¿Y si mejor me acuesto acá y vemos monos?. –Preguntó Lautaro por si las moscas.
-Es que vamos a dormir muy apretados y mañana vas a estar cansado y sin ánimo para ir al jardín.  -Dijo la abu. –Ven que te acompaño hasta que te duermas. -Y se quedaba a su lado hasta que Lautaro cerraba los ojos y empezaba a roncar suavecito.
El problema es que apenas ella regresaba a su pieza, los fantasmas volvían a colarse por la ventana y saltaban sobre la cama hasta que Lautaro despertaba y muy asustado, terminaba escondiéndose muy tapado, bajo las sábanas.

Y eso mismo ocurría cada vez que dormía allí y Lautaro, que aún no conocía todas las palabras, no podía explicarles a sus papás, lo que ocurría en aquella casa.






Fue en uno de esos días que al llegar donde sus tatas, Lautaro encontró una enorme pala mecánica dando golpes por aquí y por allá, para demoler la vieja casa.
-Hace un par de días, una familia compró la casa, pero como estaba tan vieja, decidieron demolerla para construir una nueva. –Le contó su tata.


-¡Eeeeee!. –Gritó Lautaro dando brincos por toda la calle, cada vez que la pala daba un golpe y botaba una parte del techo, otro golpe y caía un muro, otro golpe y caían dos puertas. Y en medio de los escombros, medio moreteados y aturdidos, vió asomar a los fantasmas sobándose la cabeza y la espalda adoloridos. -¡Jajaja…fantasmas pesados…eso les pasa por molestarme y no dejarme dormir!.
Muy contento de saber que la vieja casa ya no estaba y los fantasmas tendrían que irse muy lejos de allí, Lautaro se comió toda la comida,  salió de la tina sin reclamar y se fue a la cama sin llorar.
-Buenas noches mi niño. – dijo su abu al apagar la luz. -¿Quieres que te acompañe hasta que te duermas?.
-No abu. –Murmuró Lautaro acurrucándose entre las sábanas.
Cuando ya estaba a punto de cerrar los ojos para empezar a soñar, escuchó unos golpecitos en la ventana y el corazón le dio un brinco.
-¿Otra vez esos molestosos?. –Preguntó enrabiado y dio media vuelta para seguir durmiendo, pero los golpes continuaban. A la cuarta o quinta vez, cuando estaba a punto de levantarse para ir a la pieza de sus tatas, miró hacia la ventana y vio a los tres fantasmas, con sus caras blancuchas muy pegadas al vidrio. De verdad que lucían tristes. Uno era gordo, el otro muy largo y el otro chiquito como una pelota de fútbol.














El más largo, traía un pequeño bultito colgando de un palo sobre sus hombros. Con su cara más seria de niño enojado, Lautaro abrió la ventana y preguntó -¿Y ahora qué…van a seguir molestando?.


-¿Es que acaso no sabes, que nos quedamos sin casa?. –Dijo el gordo señalando hacia el montón de escombros. –¡Y sin cocina, que era mi lugar favorito!.
-Yo vivía en el tubo de la chimenea y ya no está. –Murmuró entre sollozos el fantasma flaco.
-Y yo vivía dentro del cajón del velador. –Agregó el pequeño haciendo pucheros.
-Ya no tenemos donde vivir. -Dijeron los tres, a punto de inundar la pieza con sus lágrimas. De pronto el pequeño comenzó a mirar a su alrededor y limpiándose la nariz preguntó con algo de esperanza. -¿No nos permitirías vivir aquí…Tal vez…dentro de ese closet?.
-¿Para que me asusten, cada vez que duermo acá?. –Gruñó cruzándose de brazos muy serio. –De ninguna manera. ¿Su mamá nunca les dijo que está muy mal, asustar a los niños diciendo buuuuu, cuando intentan dormir?.
-Pero si nosotros no queremos asustar. –Replicó el gordito.
-Hace tanto que no hablamos con nadie, que hemos olvidado casi todas las palabras.
-A mi me encanta contar chistes, pero ellos dos ya los conocen de memoria…-Sollozó el larguirucho. –Y no se rien.
-A mi me encantan las historias de pirata y no tengo a quien contarle. –Agregó el pequeño entre lágrimas. -Solo queremos conversar, reírnos y tener amigos.
-Si nos permites quedarnos dentro de ese closet, prometemos buscar otros niños que no nos tengan miedo y quieran ser nuestros amigos. –suplicó el gordito.
-Mmmmm. –Murmuró Lautaro rascándose la cabeza para pensar. –Yo digo que no.
-¿Nooo?. –Repitieron los tres fantasmas muy asustados.
-Nunca más van a despertar ni asustar a ningún niño de esta calle. –Afirmó.
-¿Y si ya no podremos despertar niños…qué haremos?.
-Si ustedes quieren quedarse a vivir aquí, de hoy en adelante…Solo podrán asustar…
-¿Abuelitos?. –preguntó uno. -Dicen que un buen susto es bueno para el corazón.
-¿Padres mal humorados?. –preguntó el otro.
-¿Hermanos grandes y peleadores?. –Insistió el tercero a punto de perder las esperanzas.
-De hoy en adelante…-sentenció Lautaro muy serio. –Solo podrán asustar ladrones.


-¿Ladrones?. -Repitieron a coro muy extrañados.
-Ladrones. –Repitió Lautaro. - De esos malos, que se meten a robarle a los vecinos.
Después de unos segundos de silencio, los tres fantasmas se miraron entre ellos y con las caras llenas de picardía y contento,  respondieron a coro.
-¡Qué gran idea!.
Y desde ese día, los tres fantasmas se quedaron a vivir en el closet de la abu y cada vez que un ladrón intentaba entrar a robar en una casa….Los Buuuuu Buuu de los tres fantasmas buenos, los hacían salir corriendo asustados y de tanto susto, decidían dejar de robar.


FIN

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